Freud introduce con esta frase la cuestión de la transmisión entre generaciones. ¿Cómo se involucran las nuevas generaciones con lo sucedido con las anteriores? ¿Cuáles son los procesos elaborativos que cada sujeto puede realizar con lo que le es transmitido?

René Kaës (1983) refiere a la noción de trabajo psíquico de la transmisión entendiéndolo como proceso y resultante de ligazones entre aparatos psíquicos y las transformaciones operadas por dichas ligazones. Subraya la diferenciación entre lo que es transmitido y aquello que es recibido y cómo estos elementos son transformados por las nuevas generaciones. Cada sujeto metaboliza, reinscribe e interpreta el legado, sin que existan causalidades lineales.

En el caso de los desaparecidos en Argentina, habiendo transcurrido 37 años del golpe cívico-militar, ya existen en muchos casos 4 generaciones involucradas: los desaparecidos, sus padres que los buscan (muchos de ellos, lamentablemente fallecidos), sus hijos nacidos en cautiverio y apropiados, hoy ya adultos (400 de ellos todavía están siendo buscados), y los nietos de aquellas personas que han sido desaparecidas.

En referencia a los hijos de desaparecidos que han recuperado su identidad, esto pudo haber ocurrido en distintos momentos de su vida, lo cual ocasiona diversas consecuencias. Algunos de ellos han confirmado su filiación hace relativamente poco tiempo, lo cual implica distintos efectos en sí mismos y en su descendencia. Toda persona tiene Derecho a su Identidad, pero a su vez en los crímenes de lesa humanidad, como lo es la apropiación de niños, las personas tienen el deber de someterse a pruebas de ADN para esclarecer el delito de apropiación y esto puede suceder incluso contra su voluntad.

¿Cómo tramitar una historia que resignifica todo el pasado, que reubica a todos los participantes en otro lugar, que transforma a supuestos padres (en algunos casos ya abuelos) en apropiadores?

En este sentido esta no es sólo una historia individual, son historias subjetivas atravesadas por responsabilidades sociales, por una época histórica que las determinó, por un Estado que traicionó a sus ciudadanos y tuvo una política de aniquilamiento de todo aquel que pensaba diferente y las consecuencias de estas políticas se siguen pagando hasta la actualidad, debido a que existen personas que aún desconocen su identidad.

El último período de la Dictadura militar en Argentina transcurrió desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983. El 15 de diciembre de 1983, 5 días después de restituida la democracia, el presidente Raúl Alfonsín crea la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) que investigó las violaciones a los derechos humanos perpetradas por la Dictadura Militar. En 1985, comenzaron los juicios a las Juntas Militares.

Sin embargo, en diciembre de 1986 se promulga la ley de Punto Final por la cual se estableció la caducidad de la acción penal contra los imputados de haber cometido la desaparición forzada de personas, lo que incluía detenciones ilegales, torturas y asesinatos. Aquellos que no hubieran sido llamados a declarar en un plazo de 60 días, no podrían ser ya juzgados. Sólo quedaban fuera del ámbito de aplicación de esta ley los casos de secuestros de niños. En junio de 1987 se dicta la ley de Obediencia Debida que establecía que los miembros de las Fuerzas Armadas no eran punibles debido a que habían actuado obedeciendo las órdenes de sus superiores. En 1990 se añaden los indultos del presidente Menem. Estas leyes fueron conocidas como “las leyes de la Impunidad”.

En 1998 se derogan las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, sin embargo esto implicaba un acto político y simbólico más que jurídico, ya que aquellos que nunca habían sido juzgados no lo serían y quienes habían estado en prisión y liberados por las leyes de la impunidad, no volverían. La tendencia era al olvido.

En el año 2002, en la presidencia de Néstor Kirchner se transforma el 24 de marzo, fecha que conmemora el Golpe Cívico-Militar en Argentina, en el “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”. La memoria está ligada a la identidad de un pueblo. Es decir, no es lo mismo promover desde el Estado políticas de memoria, que políticas de olvido. Es recién en el año 2003, cuando se declara la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, luego de la adhesión argentina a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad de la ONU. La conclusión era que no se podía construir la paz, mientras no hubiera verdad, justicia y condena a los culpables.

Los acontecimientos históricos sucedidos en la última Dictadura cívico-militar en Argentina han sido de una crueldad inusitada, con efectos que repercuten hasta el día de hoy en toda la sociedad. Esto no desconoce el hecho de que algunos sujetos en particular fueron atravesados por la historia de un modo mucho más pregnante que otros. Entre ellos, sin duda, se cuentan las personas que fueron torturadas, las que desaparecieron, sus hijos y los familiares que aun hoy los siguen buscando.

Me gustaría presentarles una viñeta clínica para poder pensar cómo se anudan las cuestiones históricas y las decisiones políticas, a las circunstancias singulares.

Viñeta clínica

Agustina[3] tiene 7 años, asiste a una escuela de alta exigencia académica, grados muy numerosos y doble escolaridad.

Los padres concurren a la entrevista psicológica, luego de que la escuela les indicara que realicen una consulta por su hija debido a su excesiva inquietud en el aula, su dispersión e inmadurez, que podría ser compatible con un ADHD (Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad).

Los padres relatan que tiene dificultades para fijar su atención en lo escolar, pierde todo y no termina de copiar las cosas. Socialmente tiene muchos problemas, no los puede resolver y tiene berrinches como si fuera más pequeña, es más aniñada, no sabe defenderse. Habla de cosas que no se entienden, pero no puede ahondar en lo que la angustia.

Concluyendo la primera entrevista la madre dice que quizás haya otra cuestión que puede estar influyendo. Refiere que desde que quedó embarazada de Agustina se instaló en ella la idea de que podría ser hija de desaparecidos, esto se confirmó hace dos años y desde ese momento ella está en una movilización interna muy fuerte. No sabe cómo hablar de esto con su hija, no le miente, tampoco le puede decir la verdad.

La madre cuenta que desde muy pequeña supo que era adoptada y que la orden era no contarlo. En su adolescencia el padre se enferma gravemente y le blanquea que había sido entregada por un militar, pero es una información con la que en ese momento no puede hacer otra cosa que guardarla, como aquellas cosas que se “atesoran”, sin siquiera saber qué implicancias tienen.

El embarazo la transporta a la piel de su madre. En ese momento en la sociedad argentina se comienza a hablar con más fuerza de los hijos de los desaparecidos en la última Dictadura cívico-militar, se instala como tema en los medios, en las novelas, las historias de vida aparecen por doquier. Se anulan las leyes de Obediencia Debida y Punto final, comienzan nuevamente los juicios a los militares involucrados en la desaparición de personas durante la última dictadura militar. La organización H.I.J.O.S[4] adquiere mayor visibilidad.

El nacimiento de su hija la moviliza, pensar qué le sucedería si se la arrebataran la llena de angustia. Escucha una propaganda que dice: “Si naciste entre el 75 y el 80 y tenés dudas sobre tu origen, consultá, podés ser hijo de desaparecidos”. Va a “Abuelas”[5] anónimamente, pero la culpa, con los que hasta ese momento consideraba sus padres, no le permite avanzar. Años después la contactan desde “Abuelas” para citarla a hacerse un análisis de ADN y le confirman que es hija de desaparecidos. Ella se dirime en toda la potencia de sus ambivalencias, tiene una “historia oficial” que ya no se sostiene y tiene retazos de la historia de sus padres de la cual todavía no se puede adueñar, mientras tanto se construye como madre de una niña que está desbordada por la angustia.

¿Qué angustias confluyen en la angustia de Agustina?

Agustina concurre a la primera entrevista junto a sus padres, cuándo le pregunto por qué viene, refiere a sus múltiples problemas sociales, cree que todos la odian y que no tiene amigas. Dice que no puede atender a la maestra. Cuando le pregunto qué supone que no la deja atender, se angustia.

En una entrevista con Agustina y su madre, la niña cuenta de los problemas con sus amigas, pero cuando trato de ahondar se pone muy nerviosa y mira a su madre buscando autorización para hablar. Se siente muy sola en la escuela y no cree que nadie la pueda ayudar.

En una entrevista a solas con la niña le solicito que dibuje “Una persona bajo la lluvia”. Grafica una persona sola, en el aire, sin apoyos, en medio de una lluvia torrencial. Cuando le pido que escriba una historia, llamativamente primero marca en el medio de la hoja un gran punto al que llama “punto final” y luego escribe una descripción de lo que ocurre en el presente, sin poder adentrarse en ninguna historia y que deja un gran espacio vacío en la hoja.

Luego le solicito que arme unos relatos utilizando como referencia las láminas del CAT (Test de Apercepción de Animales). En la lámina 1 que se ven unos pollitos comiendo y la sombra de una mamá gallina, Agustina dice: “Patitos comiendo en una mesa y una mamá gallina. ¡Esto sí que es extraño!”. En la lámina 8 que se observa una familia de monos hablando en secreto, relata: “Los monos estaban tomando el té y el hermano mayor le decía algo a su hermano menor. Después los monos estaban viendo la televisión y entonces encontró un canal que se trata de saber todo sobre los monos.

T: ¿Y qué era lo que querían saber los monos?

A: ¡Qué pregunta difícil! Había un secreto sobre los monos y ellos querían saber y el canal se los podía decir y antes que se los pudiera decir se cortó la voz.

T: ¿Alguna vez pensaste que en tu familia podía haber un secreto?

A: Siempre. Las chicas me molestan mucho, entonces pensé que podía haber un secreto. Las psicólogas tienen las respuestas a los secretos.

Cuando le aclaro que la próxima entrevista me voy a encontrar con sus padres me solicita que por favor les pregunte por el secreto, ya que ella siempre se olvida de hacerlo, y que después se lo cuente.

El trabajo de historización

Cuando un ser humano nace, su subjetividad se va constituyendo en el anudamiento del bagaje biológico con el que llega, los anhelos, deseos, temores y fantasmas de los que lo esperan y se hacen cargo de su crianza, en un medio social y un tiempo histórico que lo van a alojar.

¿Qué ocurre cuando quienes toman a su cargo la crianza lo hacen a través de la apropiación y el engaño?

R. Kaës (1991) señala que el “pacto denegativo” se sostiene bajo la premisa de que es necesario excluir todo aquello que pudiera poner en peligro el vínculo entre sus componentes. En los casos de los niños apropiados, para sostener estos pactos, del lado de los hijos, fue necesaria una inmensa cantidad de energía psíquica al servicio de desconocer los indicios que se filtraban por doquier, pero que era necesario poner a un costado debido a que la supervivencia tanto física como psíquica dependía de los apropiadores.

La identidad se construye a lo largo de la vida, nos da mismidad y nos diferencia de los otros. En la construcción de esa identidad se juegan los legados de los ancestros. Pero ¿qué acaece con la identidad cuándo todas las referencias históricas legadas pierden sentido? ¿Qué sucede cuando aquellos valores que fueron transmitidos entran en contradicción con los verdaderos ancestros?

A través del contrato narcisista (Aulagnier, 1977) cada sujeto que nace es signatario y continuador de una cadena generacional, parte de un conjunto que lo sostiene y le da pertenencia. Sin embargo, cuando se descubre que desde el inicio hubo un delito, del cual los supuestos padres fueron, cuanto menos, cómplices, ese contrato se quiebra, dejando al sujeto en estado de desamparo. Para atravesar estas situaciones serán necesarios múltiples trabajos de duelos, duelo por la historia que no tuvo y por lo que no pudo ser vivido, duelo porque la historia de la cual partió es apócrifa, duelo por el tiempo que fue arrebatado, duelo por lo que nunca se va a saber. Todos estos trabajos dejarán marcas a las cuales se enlazan los tiempos subjetivos, los tiempos judiciales, los tiempos de los diferentes familiares, desde las Abuelas (que tienen ya más de 80 años, algunas más de 90 años, y ya no les queda mucho tiempo para seguir esperando) hasta los bisnietos que van recibiendo los efectos de los procesos que van transitando sus padres, en este difícil camino de reconstituirse subjetivamente.

Lo silenciado

En la viñeta clínica presentada observamos cómo lo silenciado está presente en las distintas generaciones. Entendemos lo silenciado como aquello que está presente, no necesariamente con palabras, pero que no tiene habilitada la posibilidad subjetiva de tramitación simbólica.

En este caso se intersectan lo silenciado en una familia, como acto singular y lo silenciado en una sociedad. Las modalidades familiares se entrecruzan con las Políticas de Estado llevadas adelante. En la historia argentina, como hicimos referencia anteriormente, esto fue transitado de diferentes maneras según cada momento histórico. Es desde este anudamiento que plantearemos sus efectos.

P. Aulagnier (1982) propone que el sufrimiento puede promover un deseo de desinvestidura, lo cual podría provocar una oportunidad para la irrupción de la pulsión de muerte. Cuando el cuerpo, la realidad o el otro promueven un padecimiento sostenido, esos elementos pueden caer bajo la amenaza de la desinvestidura.

Uno de los síntomas con los que se presenta Agustina es la desatención. Se podría pensar entonces la desatención como una modalidad de la desinvestidura (Untoiglich, G., 2011). Nos preguntamos a qué está atenta Agustina que no puede estar atenta a lo escolar, qué intenta tramitar la niña que no le permite tener la energía disponible para atender en clase.

H. Lerner (2007) define los traumas precoces, como aquellas situaciones que el sujeto no pudo nunca incluir en su experiencia presente del yo, ni simbolizarlas, e intenta por todos los medios aislarse de esas experiencias agónicas tempranas para sobrevivir. Sin embargo, y aun no habiendo ingresado en el mundo simbólico, es decir que no han sido objeto de representación, seguirán pugnando por inscribirse. Esta repetición compulsiva es llamada por R. Rousillon (1995) como “coerción a la simbolización”, en la cual lo que predomina es el “retorno de lo escindido”, como un intento fallido de simbolizar aquello que no ha tenido lugar, a diferencia del retorno de lo reprimido.

S. Bleichmar (2004) retoma la carta 52 de Freud a Fliess para dar cuenta de la posibilidad de rastrear un modo de inscripción no transcribible, llamado en los comienzos de la obra freudiana "signos de percepción". Los mismos no serían necesariamente, sólo las marcas más antiguas que conserva el aparato psíquico, sino que podrían producirse en diferentes períodos de la vida, como materialidad irreductible a todo ensamblaje, a partir de ser producto de experiencias traumáticas inmetabolizables. Dichos signos dan cuenta de los elementos psíquicos que no se ordenan bajo la legalidad del inconciente o del preconciente, que pueden presentarse como manifiestos, sin por ello que el sujeto sea conciente de los mismos, ya que los elementos se encuentran desligados[6] .

Las representaciones sólo son historizables del lado del sujeto, cuando a partir de un trabajo psíquico, puedan ser situadas como recuerdos, accesibles al yo.

Partimos de la idea de una subjetividad que se constituye atravesada por los avatares de los múltiples encuentros y desencuentros, enmarcados en una realidad socio-histórico determinada. Metapsicología que anuda la dimensión intersubjetiva y el lazo social.

Se concibe un sujeto entramado, surcado por “series complejas” que subrayan la multicondicionalidad de los fenómenos (Rojas, M. C., 2007), tanto desde el punto de vista biológico, como psíquico y social.

Uno de los elementos de este armazón es la transmisión parental. “La transmisión parental adquiere la particularidad de inaugurar para cada hijo una forma singular de apropiarse de su herencia psíquica. Con la versión que de ella se dé a si mismo, el niño va a construir los recursos de significación para interpretar el mundo que lo rodea, su lugar en él, su identidad”. (Wettengel, L., 2001, p41).

En mi investigación doctoral sobre niños con dificultades atencionales (UBA, 2003 – 2009) he observado que cuando se les solicita a los padres que relaten su historia, a menudo nos encontramos con ciertos fragmentos no tramitados que se transmiten a través de las diferentes generaciones. R. Rodulfo (1989) propone pensar el “mito familiar” como un sistema heterogéneo, como un collage, cuyos componentes se superponen, se pueden contradecir unos a otros, promoviendo lo imprevisible. Cada elemento de la trama familiar cumple una función pudiendo ocurrir múltiples vicisitudes. Sin embargo, es necesario subrayar que las mismas no son indefectiblemente, las causas directas de lo que le sucede al niño, sino que plantean ciertas condiciones de base, con las que el hijo tendrá que ver qué puede construir, en un trabajo que le es propio.

Ahora bien, ¿qué lugar ocupa aquello silenciado en las diferentes generaciones, o más aún aquello que intenta ocultarse, o las versiones de la historia familiar que se construyen en base a mentiras?

H. Faimberg (1985, p130) propone el concepto de “Telescopaje”, lo plantea como un“tipo especial de identificación inconsciente alienante que condensa tres generaciones y que se revela en la transferencia”. Uno de los puntos más destacables para esta autora, es que en dicha trasmisión alienante los padres pierden la función de garantes, por lo tanto el hijo queda sujetado a lo que los padres dicen o silencian. Su supervivencia psíquica y su capacidad de pensar quedan inmovilizadas, ya que el niño no tiene libre acceso a la información que circula, por lo tanto puede ocurrir que termine poniendo en acto esa imposibilidad, por ejemplo a través del no atender, o del no parar de moverse.

En numerosas ocasiones, lo que se intenta inscribir es efecto de dicha historia devenida traumática.

Las violencias a través de las generaciones

R. Käes (1985) define que la “violencia de la transmisión” deja una marca más allá de la accesibilidad del lenguaje que se transforma en “una transmisión de cosa.” O sea que este tipo de transmisión es anterior a la posibilidad de significación. Habría ciertas transmisiones que bajo la forma del “encriptado, está en estasis sin ser inscripto (...) los objetos perdidos por quienes nos precedieron y que son trasmitidos aun parcialmente en duelo, así como también los significantes congelados, enigmáticos, brutos, sobre los cuales no se ha operado ningún trabajo de simbolización” (p10).

Por lo tanto, en estas condiciones, ¿qué posibilidades tendría el Otro que debería ser garante del sostén libidinal en los primeros tiempos, de poder ocupar ese lugar?

H. Faimberg propone, en la obra ya citada, revisar el complejo de Edipo de Edipo, abriendo en este texto líneas poco transitadas en relación con el mismo. Se interroga acerca de cuál es el estatuto metapsicológico de la mentira, sobre todo cuando este engaño atañe a cuestiones ligadas al origen. La autora diferencia la mentira, de la represión, proponiendo que la primera está más ligada a la renegación, afirmando que si sobre los mitos familiares pesan secretos de filiación, la confianza en las verdades psíquicas, que es fundante, podría verse destruida.

En la historia de la madre de Agustina vemos como su vida se organiza en función del secreto, y el mismo va horadando su vida psíquica y la de su descendencia.

Ser heredero implica estar inscripto en una cadena genealógica que lo incluye más allá de su voluntad, en la continuación de una historia que lo antecede. Esta filiación simbólica, enlazada como inscripción psíquica, es el movimiento relacional en el que se constituye como sujeto, a través y por el deseo de otro que lo precede.

Al transmitir los objetos, en tanto objetos psíquicos representacionales, simultáneamente se transmiten los procesos de su constitución y los fantasmas que organizan, contextualizan y ligan los objetos. Lo que se transmite en el discurso es el sentido con el que ha sido aprehendido el conjunto de elementos y procesos de orden inconcientes; el sentido que tienen los pensamientos y, sobre todo, el sentido que tienen los actos.” (Wettengel, L., 2001 p43-44)

Entonces ¿qué sucede con aquellos fragmentos que están allí, a la vista del niño, pero sobre los cuales está vedada la posibilidad de ligazón de esos elementos?, ¿podría suceder que la atención del niño quede capturada en la imposibilidad de ligar dichas piezas?

¿Cómo ir elaborando lo traumático? ¿Qué sucede en relación a la transmisión transgeneracional?

El nuevo ser no recibe pasivamente aquello que le es transmitido, con los elementos que posee arma sus propias elaboraciones al respecto y organiza sus propias defensas psíquicas, que en distintos momentos de la vida tendrán diferentes predominios. Nos encontraremos con renegaciones, desmentidas, vacíos, preguntas que no pueden formularse, entre otras posibilidades.

Agustina comenzó a hacer ruido en la escuela, como muchísimos niños que “utilizan” el escenario escolar para desplegar en lo público aquello que no puede ser tramitado. Cuando un niño pone de manifiesto su malestar en la escuela, se asegura la mirada y la intervención de otros adultos más allá del seno familiar. Qué sucede entonces cuando rápidamente se obtura dicho despliegue con una única respuesta: “ES ADHD” y una única estrategia terapéutica: el abordaje medicamentoso.

En los últimos años observamos con mucha preocupación, el aumento de los diagnósticos de Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad en la infancia. En Chile el 70% de los niños que consultan en Salud Mental reciben este diagnóstico, con el correspondiente abordaje medicamentoso. No existe ningún otro diagnóstico que tenga semejante prevalencia. Cuando nos encontramos con un diagnóstico con esta predominancia es nuestro deber interrogarnos como sociedad qué está ocurriendo, dónde nos estamos equivocando, qué estamos generando.

¿Qué hubiese sucedido con Agustina si la hubiesen diagnosticado y medicado por ADHD? Considero que esto hubiese reduplicado las violencias vividas por esta familia. Primero la violencia del Estado en la desaparición de una generación y su descendencia, luego las violencias familiares en el escamoteo de la identidad y ahora la violencia escudada en el discurso científico que en vez de escuchar al niño, da la respuesta antes de indagar de qué se trata aquello que está aconteciendo y a qué multiplicidad de factores responde.

Por otra parte, no se trata de entender que todo lo que le ocurre a esta niña es producto de neurotransmisores fallidos, tampoco es la resultante directa de la historia traumática materna, no es cuestión de simplificar, sino de transitar las complejidades a las que responden los malestares de cada sujeto.

Filiación e identidad

El proceso de filiación hace referencia a de quién se es hijo y deja constancia de los datos filiatorios con los cuales alguien se reconoce como perteneciente a cierta cadena genealógica. Estos procesos confluyen en la construcción de la identidad. (Kordon. D; Edelman, L., 2007)

El movimiento de inscripción filiatorio que instituyen los padres anuda pasado, presente y futuro. ¿Qué sucede cuando este movimiento es apócrifo? ¿Cómo se arman las identificaciones cuándo hay un falseamiento en el origen?

Anne Ancelin Schtuzenberger (2002) sostiene que la filiación es al mismo tiempo, una realidad biológica, una realidad social y una realidad psicológica. La dictadura cívico-militar a través del mecanismo de la apropiación de menores intentó suprimir los vínculos generacionales y filiatorios. Un ataque perverso que intentaba negar la procedencia de estos niños, creyendo que se puede hacer borrón y cuenta nueva en la vida de un sujeto, contando con un sistema de impunidad legal por parte de los militares y complicidades civiles. No se trata sólo de delitos individuales que deben ser castigados, sino de un Estado que posibilitó las condiciones para que esto ocurra.

El General Camps, jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura militar, responsable autoasumido de más de 5.000 desaparecidos, definió claramente esta cuestión: los hijos de desparecidos no debían estar con sus familias de origen porque estas no iban a trasmitir los valores hegemónicos: “personalmente yo nunca mate a un niño; lo que hice fue entregar algunos a organizaciones de caridad para que pudieran ser dados a nuevos padres. Los padres subversivos educan a sus hijos para la subversión. Esto debe ser detenido”. (Citado por Kordon. D; Edelman, L., op.cit.)

En los casos de aquellos que todavía no tienen la información acerca de su procedencia, los apropiadores ejercen sobre estos sujetos una violencia que continúa hasta la actualidad. Sin duda, enfrentarse con esta información (que de algún modo, en parte, es sabida) conmueve toda la estructura sobre la cual el sujeto tiene construida su identidad, pero a su vez es un acto liberador, que tendrá que ir siendo procesado a lo largo de mucho tiempo. Que este acto esté determinado por una decisión del Estado que ordena la realización de los estudios de ADN y castigará a los responsables de este delito, le permite al sujeto no sentirse, además, responsable de la situación judicial de los apropiadores. El sufrimiento, la culpa, las ambivalencias, son inevitablemente parte de un proceso. Cada uno irá construyendo, en sus tiempos, su propio camino. Algunos arman redes de sostén singulares, otros se amparan en las instituciones existentes como Abuelas, o H.I.J.O.S., lo cual les posibilita salir adelante.

Como consecuencia de este trabajo subjetivo, se rompe el pacto inconsciente que sujetaba al que estaba en posición de hijo a la situación de alienación a la que estaba sometido. Por supuesto que ahora tendrá que vérselas con una verdad muy dolorosa de tramitar y en la cual la cuestión de qué revelar a los propios hijos y cuándo, no deja de ser muy compleja. Cómo explicarles que los que ellos creían los abuelitos, en realidad son apropiadores, cómo explicar las condiciones de muerte de los padres, cómo explicar que quien se creyó que se era hasta ahora, no se es, que es necesario un cambio de nombre que implica modificaciones en la identidad. Movimientos que comprometen toda la constitución subjetiva, la identidad, los lazos intersubjetivos e intergeneracionales.

Exigir la restitución de estos hijos, hoy ya adultos, implica un compromiso con la historia y con las generaciones venideras. Ya que estos sujetos continúan, aun en democracia, viviendo en un “Estado de excepción”, debido a que su identidad, su historia, su pasado y su futuro continúa siendo escamoteado, ellos permanecen estando desaparecidos, lo que ocasiona que las consecuencias de la maquinaria de la Dictadura continúe teniendo efectos en la actualidad. Vida Nuda, que ubica al sujeto como mercancía, botín de una guerra que sigue generando consecuencias hasta que los 400 nietos y otros tantos bisnietos no recuperen la posibilidad de saber quiénes son.

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[1]Agradezco a Albana Paganini el haberme convocado para la escritura de un artículo para esta revista. Esto me demandó un enorme esfuerzo, pero a su vez me posibilitó tomar dimensión de la gran responsabilidad que tenemos como profesionales cuando nos involucramos en estas temáticas.

[2] De hecho el último nieto recuperado hasta ahora en Argentina, a quien se le restituyó su identidad el 6 de agosto de 2013 por un trabajo de la organización Abuelas de Plaza de Mayo, es de origen chileno. El joven había sido secuestrado junto a sus padres el 15 de abril de 1976, en Buenos Aires, cuando tenía solo cinco meses y medio y era hijo del matrimonio chileno integrado por Frida Laschan Mellado y Ángel Athanasiu Jara. Militantes del MIR en Chile, huyeron a la Argentina, luego del golpe militar y se incorporaron al PRT-ERP.

El matrimonio y su hijo fueron secuestrados en Buenos Aires en un operativo que realizaron fuerzas de seguridad argentinas. Pablo Germán fue anotado como hijo propio por un matrimonio argentino con "estrecha vinculación al régimen cívico-militar". El apropiador se encuentra detenido.

http://www.telam.com.ar/notas/201308/27865-abuelas-de-plaza-de-mayo-daran-a-conocer-los-detalles-y-la-identidad-del-nieto-109.html

[3] Algunos datos fueron modificados para preservar la identidad de la familia. Se solicitó a los padres de la niña el consentimiento para la publicación de esta viñeta.

[4] H.I.J.O.S: Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio. Agrupación creada en 1995 en Argentina, compuesta por los hijos de los desaparecidos en la Dictadura.

[5] La Asociación Civil “Abuelas de Plaza de Mayo” es una organización no-gubernamental que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños secuestrados desaparecidos por la represión política, y crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, exigiendo el castigo a todos los responsables.

[6]Es fundamental esta distinción entre lo manifiesto y lo conciente. Como se dijo anteriormente, la madre de Agustina había recibido en la juventud la información de que había sido entregada por un militar, sin embargo, le llevó muchos años comprender subjetivamente lo que esto implicaba.