Un Jardín de Infantes diverso: asistencia perfecta para la oportunidad

Autora: Patricia del Carmen Martinez

"La calidad del aprendizaje parecería estar determinada por la disponibilidad psíquica

para concretarlo más que por un caudal intelectual genéticamente heredado".

Silvia Schlemenson: "El aprendizaje, un encuentro de sentidos"

 

En el presente trabajo se intentará, partiendo de un caso específico, reflejar, en apretada síntesis, el abanico variopinto que despliega la realidad en torno a algunas dificultades que se presentan hoy en las aulas de Jardines de Infantes del conurbano bonaerense.

Allí se mezclan alumnos y docentes de diferentes extracciones sociales, de diferentes culturas, con distintas historias de vida; pero con los que compartimos la misma sociedad consumista; la misma “modernidad líquida” que arroja adultos desbordados; que a su vez, no pueden poner borde a sus niños…

Mediar es responsabilidad del adulto y permite que los niños construyan significados sobre una realidad que irrumpe anárquicamente. Estos significados se constituyen en espacios de protección, y ayudan al niño constituir su subjetividad, una subjetividad que no es ingenua; que es activa y que se está conformando alrededor de los grandes temas de la cultura.

¿Cuál es ese espacio de protección en la escuela? La palabra del adulto que hará que el niño pueda transformar la realidad en una escena significable.

Inventemos entonces, modos de sostenernos entre adultos para poder hacerlo con los niños, para poder conseguir alivio…

Alivio para los niños que no pueden ser alojados en ningún lugar, que no encuentran su espacio…

Alivio para los padres que sufren por ese niño que “no salió como lo habían soñado”…

Alivio para los docentes que cargan con la mochila de la impotencia, a veces; de la falta de recursos, en otros casos; de la necesidad de dar respuestas, siempre…

Introducción: Aproximaciones a las problemáticas del “déficit atencional”

Autora: María Laura Ferrari

Edgar Morin denomina “pensamiento complejo” al paradigma que propone comprender la realidad a manera de un tejido complexus, es decir, como urdimbre de “de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico. Así es que la complejidad se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre” (Morin, 2001).

De este modo, el paradigma de la complejidad nos permite pensar en la multidimensionalidad de causas y atravesamientos existentes en torno a una historia escolar, sea esta narrada por la institución escolar o la clínica, entre tantas otras perspectivas. De hecho, muchas veces estas dos dimensiones nos aportan  informaciones y sentidos diversos haciendo más espeso y rico nuestro objeto de análisis.

Este modo de plantearnos los objetos de estudio nos habilita a entrar al magma de sentidos que implica el llamado déficit de atención de una manera más abierta, considerando las posibilidades de las paradojas[1] que introducen a soluciones más creativas a la manera propuesta en el concepto de imaginación radical de Castoriadis. Este concepto nos permite pensarnos como capaces de generar nuevas representaciones, deseos y afectos desde que se conceptualiza como “reacción incesante y esencialmente indeterminada (social, histórica y psíquica) de figuras/ formas/imágenes y sólo a partir de éstas puede tratarse de “algo”. Lo que llamamos “realidad” y “racionalidad” son obras de esta creación” (Castoriadis, 1989). Aquello que puede instituir otras salidas desde los multiversos que atraviesan esa historia escolar.

Siguiendo la propuesta deconstructiva del Dr. León Benasayag (Benasayag, 2011), se ha construido lo que comúnmente denominamos “Trastorno por Déficil Atencional” desde hallazgos conductuales, suposiciones teóricas e intereses supraestatales que son opacados a fin de medicalizar y etiquetar todo aquello que salga de la “norma”. De tal manera que “en apariencia, existe una verdadera “epidemia” de niños con supuesto ADHD, si tomamos en cuenta las cifras de venta de los medicamentos más frecuentemente administrados para su tratamiento” (Benasayag, 2011: 2).